¿Qué aprendí trabajando con personas refugiadas?

¿Qué aprendí trabajando con personas refugiadas?

Soy periodista de formación y siempre me fascinó conocer a diferentes culturas y entender su manera de interpretar la vida. Desde comunidades indígenas y africanas hasta el mundo árabe, estuve siempre muy atenta a observar y vivenciar otras culturas.

Yo soy brasileña, pero en 2015 decidí venir a vivir a España, en concreto a la multicultural ciudad de Barcelona, y no podría haber elegido mejor lugar, la verdad. Barcelona es un espacio abierto a la diversidad de culturas y esa pluralidad está presente en cada esquina. 

Me gusta imaginar y soñar con un mundo donde respetemos nuestras diferencias y aprendamos de ellas. Donde somos capaces de escuchar al otro, entenderlo y aceptarlo, aunque no estemos de acuerdo o aunque tengamos otra manera de pensar y vivir. 

En estos dos años de actividad en Abrazo Cultural, he vivido muchos problemas de comunicación por las diferencias culturales. Tenemos profesores de distintas nacionalidades: Argelia, Siria, Ucrania, Venezuela, Honduras, Irán, Malí y Camerún. La experiencia con todos los profesores ha sido de aprendizaje constante sobre comunicación y empatía.

Es verdad que, de entrada, el idioma es la gran barrera para la comunicación, pues ni para mí ni para ellos el castellano es la lengua nativa. Pero, después de las primeras conversaciones, nos damos cuenta de que el idioma no tiene tanta importancia. Nos comunicamos con gestos, repitiendo las frases, buscando la traducción en Google, y siempre conseguimos entendemos. 

Más que el idioma, los factores que realmente dificultan la comunicación son los aspectos socioculturales de la persona: su manera de hablar, los gestos que utiliza, su tono de voz, la distancia personal, lo que cuenta y lo que no cuenta…

Hay países donde se suele gesticular más, las personas se tocan, se abrazan. En otros países eso puede llegar a ser una ofensa. Hay países donde se usa mucho el “por favor” y “gracias” y otros donde se habla más en imperativo. Hay países donde la gente sonríe más y hay otros en los que no tanto.

Son estos detalles los que muchas veces nos impiden tener una conversación sincera y conectar con alguien de una cultura distinta a la nuestra. Tendemos a juzgar al otro: si no sonríe es antipático/a o desinteresado/a, si no pide por favor es grosero/a, si habla muy alto es maleducado/a.   

¿Qué aprendí en estos dos años?

Ha sido mucho lo aprendido relacionándome con los/las profesores/as, sus amigos/as, sus familias, además de con los/as alumnos/as que participan en cada curso y taller. 

Esta es mi lista de principales aprendizajes:

  • Cada persona es única. La cultura puede determinar algunos comportamientos que se repiten, pero, verdaderamente, cada ser humano tiene una historia única detrás.
  • Las personas son mucho más que su apariencia o manera de hablar.
  • Para conocer alguien tienes que estar preparada para escuchar más allá de las palabras pronunciadas.
  • Lo que juzgamos o criticamos en los demás es un reflejo de algo que está en nosotros/as.
  • Cuando hablas, sólo escuchas lo que ya sabes. Para aprender realmente hay que escuchar y observar a los demás.

Mis consejos para relacionarnos con personas de otros países:

  • Estar abierta/o, siempre, tratando de olvidar los pensamientos preestablecidos.
  • Escuchar, dejar que el otro hable y se exprese y estar atento/a para entender.
  • Preguntar, cuando haya dudas o algo no quede claro, preguntar sin miedo.
  • Ser directos/as, cuando no nos hacemos entender bien, lo mejor es ser directos/as y dejar espacio para que el otro pueda contestar/comentar.
  • Respetar la manera de pensar y actuar de cada uno/a, aunque no estemos de acuerdo.
  • Tener en cuenta que cada persona carga una historia consigo, con experiencias, traumas, miedos, y todo eso afecta en su manera de comunicarse. 
  • Sonreír de manera sincera, aunque ni todas las personas lo hagan con frecuencia, creo que es un gesto que nos ayuda a aproximarnos a las personas y es un lenguaje universal.

Al final, lo importante es que como seres humanos tenemos más similitudes que diferencias. Y las diferencias que tenemos nos ayudan a ampliar nuestra visión del mundo, a entender la vida desde otras perspectivas.

¡La empatía es clave para la comunicación intercultural! Solo cuando somos capaces de ponernos en el lugar del otro, es cuando podemos comunicarnos desde el corazón y desde las emociones, olvidando estereotipos, prejuicios y barreras culturales.

Texto por Helena Moço Lopes, directora y fundadora de Abrazo Cultural

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